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Robinsones

“Ring” “¿Quien era?” “Nadie”. “Claro, seguro que le has dicho, pase, D. Nadie. A veces tienes, la verdad, cosas de peón caminero. “Pues anda que tú”. “¿Alguien sería, no?” “Supongo, pero no ha dicho ni quién y, además, ha empezado a mascullar cosas ininteligibles”.

            La próxima vez que suene el teléfono lo cojo yo, digo. Poco o ningún pudor les sirve de nada. Suena con exactitud de reloj suizo. Con desparpajo monumental nos sueltan un ritual “buenas tardes”. Son las 15 h., calor, inenarrable. Todo bien aderezado con nuestro propio nombre, forma inequívoca de romper barreras: “¿qué, D. José Luis, qué se cuenta? Que yo sepa, jamás he comido con este señor como para que se tome tanta confianza en el trato. “Pues, mire usted, si le soy sincero, mucho calor, pero, sinceramente, no creo que eso le pueda interesar lo más mínimo. “Veamos, D. José Luis, ¿tiene usted ADSL?”. “¿Cómo dice?” “¿Que si tiene Internet en su casa?” “La verdad es que no le puedo contestar con seguridad, soy mayor y no sé de esas cosas”. “Pero, D. José Luis, no me diga que no sabe con quién tiene su cuenta de Internet. Yo le puedo ofrecer muy buenos servicios a unas tarifas verdaderamente interesantes”. “Mire, quizá lo mejor sea que llame cuando estén mis hijos, ellos sí saben de estas cosas”. “Bueno, D. José Luis, si no está usted interesado…”. “No es eso, ya le digo que carezco de los conocimientos esenciales, por eso, cuando se levanten mis hijos de la siesta, podrán hablar con usted, con todo conocimiento de causa”.

            Los hijos se desperezan y comparten el café, mientras su padre les cuenta lo sucedido. Esperan un poco y un poco más, hasta que parece demasiado. Hacia las 22 h. una nueva llamada del tenor anterior: explicación de que no están los hijos, que se trata de una hora a la que no se llama a las casas, a no ser que haya mucha confianza. Se deshace en perdones el sujeto.

            Al día siguiente, nueva llamada, mala fortuna para el llamador impertinente. Le cuenta al interlocutor toda la batería que ya le había contado a su padre. Armado de paciencia, le contesta el inquirido que le ruega que cualquier propuesta comercial que desee trasladarle la haga por correo postal con valor contractual. De paso, una invitación a hacerse “Robinsón”, pues, parece que la culpa es nuestra por negarnos a ser timados. ¡Qué mundo ladino y sorpresivo éste que nos mueve, donde siempre hay que prever el timo!

Ideal, Granada,

26 de agosto de 2012

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Espuma municipal

Días pasados, había una fotografía que no tenía desperdicio alguno para los amantes de la comunicación no verbal, en la que aparecía el Alcalde rociado de espuma indignada y, frente a los toques tan inmaculados como vaporosos e ingrávidos, la ya consabida conseja ‘pantojeril’ del “Dientes, dientes”, con un intuido, por lo bajini, ‘que se jodan’, tan propio de estos lugartenientes del Poder.

De nuevo, la espuma amenaza con encaramarse a la disputa política, al ‘granatensis modo’, claro, y los mandamases toman el puesto de la oposición en un juego especular que parece tener como intención confundirlo todo, más si cabe. Mientras tanto, los vecinos de una urbanización promovida por el propio Ayuntamiento no han tenido más remedio que poner los hechos en conocimiento de la Fiscalía, pues, el ruido es insoportable. Las preguntas se adocenan, claro, ¿cómo es posible que el Ayuntamiento diera licencia de primera ocupación para unas viviendas que no tenían los mínimos exigibles? Ah ¿ que la cuestión es que necesitaban pastizara fresca con la que enjugar otros dispendios?. Vale. Pero, entonces, la nueva pregunta es ¿de dónde va a salir el pastizal que cueste indemnizar a los vecinos afectados? Ah ¿que ellos ya no piensan estar en esas cosas con lo que su responsabilidad se diluirá por completo?. Esa manera de proceder con desafecto descarado por el ciudadano, trasladándole a él lo que son las responsabilidades políticas, no puede durar ni un segundo más. Como tampoco puede durar la falta de asunción de responsabilidades, convirtiendo cualquier tema en un perverso ‘juego de la oca’ en el que se sacuden la culpa propia proyectándola en quien tengan más cerca o lejos, siempre que crean les pueda salpicar menos.

            El Alcalde no cayó en que, tal y como están las cosas, qué promotor se iba a poner a construir allí. Por la boca muere el pez, también el ‘espumoso’. No saben hacer urbanismo de otro modo, así nos ha ido, nos va y nos irá. La  sequía en cuanto a ideas ha trasladado, con mucho, sus Programas electorales. Sus pugnas navajeras por encumbrarse a lo más alto de la zafiedad, también parecen haberse cerrado, aunque, siempre en lo respectivo a este nivel, no se puede despreciar nunca lo relativo a las coyundas y más o menos extrañas parejas de cama. Recuerden, por ejemplo, el ‘nombramiento’ de Juan sin Libros como Secretario de Cultura y Patrimonio pepero. Para echarse a llorar o a reír. Así son: extrañas parejas, ahora en verano, bien fresquitas y con mucha espuma municipal.

Ideal, Granada,

5 de agosto de 2012.

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Inmorales

Hay sujetos que, tras parapetarse convenientemente en la ‘moral’, hacen en el defecto real de la misma, una suerte de defensa ‘numantina’ de lo que no puede ser explicable, de ningún otro modo. Lo justifican por lo ‘moral’, pero nosotros, los demás, pobres y disminuidos pecadores, sentimos la humillación de no haber alcanzado a ver la tan excelsa luz que los ilumina. ¡Lástima! Lo real, sin embargo, es el escándalo de seguir pretendiendo escribir la historia con pluma selectiva y deformadora que maltrata y pisotea los hechos. Y, con el mayor de los desparpajos, ante evidencias, todavía tienen el oprobioso cinismo de intentar presentar como meras ‘opiniones’ la exposición y denuncia de los hechos más terribles. ¡Qué quieren que les diga? Una mentira lo es por mucho que se repita. Cada vez aparecen más documentos desclasificados desvelando, por ejemplo, cuándo, cómo y dónde negoció el dictador Franco la compra a Mussolini (¿neutral?) de material bélico con el que triturar la voluntad de un pueblo.

Por todo eso y mucho más por desgracia, son ustedes unos verdaderos miserables. Este año, esconderse, el pasado fue la pretendida falta de rigor en la investigación, con la excusa de la conformidad o no con una placa. Todos los retrata de manera más que simbólica y los hace herederos directos de quienes niengan con la boca chica y homenajean  a boca llena. Su concepto de la ‘moral’ sólo puede compararse al de que está dispuesto a mirar para otro lado, siempre que la ‘verdad’ le sea incómoda, y se mantienen incólumes en su alergia inveterada a la verdad. En nuestras propias carnes, comprobamos de lo que son capaces.

Esta inmoralidad rampante, aparte de servir para generar el cabreo profundo de los mejor intencioinados, tiene un tufazo pestilente destinado a provocar situaciones que hagan olvidar todas las  ‘maravillas’ que nos tenían preparadas. “Mientras la gente hable de esto, pues se olvidan de lo otro”. Ecuación tan simple como torticera, que les terminará explotando en las manos a estos inmorales por muchos golpes de pecho que se den, beatificaciones y zarandajas varias.

Por seguir dejándonos en la mayor de las incertidumbres, aparece el que se supone que tenía rostro humano y nos ha dejado una ‘perla’ que se estudiará en las Facultades. Las voces profesionales son cada vez más contundentes.

Sr. Gaallardón, he tenido la desgracia de ver a padres y abuelos desesperados ente la contemplación de unas criaturitas que ya carecían lugar en que pincharles la medicación y mantenerlos. Un llanto inconsolable.

Enfréntese a la verdad, ¡inmoral!

Ideal, Granada,

29 de julio de 2012.

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veInmorales

Hay sujetos que, tras parapetarse convenientemente en la ‘moral’, hacen en el defecto real de la misma, una suerte de defensa ‘numantina’ de lo que no puede ser explicable, de ningún otro modo. Lo justifican por lo ‘moral’, pero nosotros, los demás, pobres y disminuidos pecadores, sentimos la humillación de no haber alcanzado a ver la tan excelsa luz que los ilumina. ¡Lástima! Lo real, sin embargo, es el escándalo de seguir pretendiendo escribir la historia con pluma selectiva y deformadora que maltrata y pisotea los hechos. Y, con el mayor de los desparpajos, ante evidencias, todavía tienen el oprobioso cinismo de intentar presentar como meras ‘opiniones’ la exposición y denuncia de los hechos más terribles. ¡Qué quieren que les diga? Una mentira lo es por mucho que se repita. Cada vez aparecen más documentos desclasificados desvelando, por ejemplo, cuándo, cómo y dónde negoció el dictador Franco la compra a Mussolini (¿neutral?) de material bélico con el que triturar la voluntad de un pueblo.

 

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Formidables

Seguramente, los amantes de radio menos jóvenes recordarán con nitidez meridiana a Alberto Oliveras, la voz sensata, sensible, solidaria, siempre dispuesta a acordar el diapasón vital con las expectativas de los oyentes, en la mayoría de los casos, incrédulos de poder tener un papel activo e incluso  preponderante en el proceso y desarrollo mismo del programa. Manejaba Alberto Oliveras, como pocas veces después he podido observar, el ‘tempo’ finísimo de los silencios, medido con primoroso decoro. Ciertamente, el de otro tiempo y, quizá precisamente por eso, con una sapiencia y bonhomía dignas de ser mencionadas. La ilusión hecha ondas, por donde escaparse en un tiempo asfixiante, mientras la madrugada se inundaba de sintonía con los primeros compases de la “Sinfonía del Nuevo Mundo”, opus 95 de Antonín Dvořák, y la voz inconfundible que, entre el reconocimiento agradecido y el reto nocturno, dejaba ‘enganchado’ en la memoria: “Ustedes son formidables”.

Más de formidables: El jueves pasado, hubo una nueva manifestación. Por desgracia, los diletantes cantamañanas del Gobierno no hacen más que darnos motivos para expresar nuestro malestar, cada día más profundo y creciente. Entre 20 y 30.000 manifestantes, según las fuentes, en los que el buen hacer de los profesionales, vituperados hasta la náusea por los menos que mediocres sujetos que nos llevan a la deriva, han hecho hacer valer sus voces plagadas de derecho, colmadas de la rabia e indignación, que  les voy a ejemplificar con uno de los muchos casos que pueblan nuestra geografía, pero que, puede ser sintomático de lo poco baladí que es la cuestión.

Por razones que no vienen al caso, hace algunos años que tengo un conocimiento bastante profundo de algunos servicios de nuestro excelente Sistema de Salud. Me refiero al área de Hematología que, por sus especiales características, agrupa distintos servicios, aunque su funcionamiento sea el de un reloj suizo. Me resultaría muy fácil nombrarlos a cada uno de ellos; sé sus nombres, al igual que ellos saben el mío. Tal vez piensen que se trata de una nadería, pero no lo es en absoluto. Porque sus profesionales llevan la preocupación por cada uno de sus enfermos a sus casas y he visto cómo algunos han tenido que tragar saliva para comunicar algunos diagnósticos . Esos ‘vagos’, a los que se les baja el sueldo, a la vez que se les sube la jornada laboral y las responsabilidades, se baten el cobre todos los días con la cara más amarga de la vida, son, sencillamente, ¡Formidables!

Mientras, los políticos, siguen con la ‘prima’ desbocada.

 

 

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Podas y talas

Hace apenas cuatro días me desayunaba con este titular a toda página en nuestro periódico: “Rajoy ultima una drástica poda del sector público para ahorrar 80.000 millones”. La verdad es que no deja de causar cierta impresión lo de considerarnos arbolillos, ¿o, acaso, cucañas?, a los que tenemos que ganarnos el pan con el sudor que nos produce el sector público, Sin embargo, a tenor de lo que, en su día, dijo el hora preboste monclovita a propósito de las confidencias que le hacía su primo sobre el cambio climático, es para echarse a temblar. Ni, a estas harturas,  el preboste en cuestión de la mayor de las naderías y fiascos de todo tipo, ni sus ‘sagaces’ consejeros, al parecer contados por cientos y con cargo al peculio general, ese que no parece generar déficit, repararon  ni un segundo, burricie manda, claro, en la muy sabia conclusión de Machado: “Dijo el árbol: teme al hacha,  palo clavado en el suelo:  contigo la poda es tala.”

Es la misma técnica que vienen utilizando, desde que accedieron al Poder: escaldarnos progresivamente en una cacerola con agua ‘in crescendo’ recalentada,   hasta que nuestros músculos ya no son capaces de reaccionar. De manera que pueden, podemos, darnos por ‘talados’. La poda, cuando es sensata y bien pensada para sanear el árbol al que se pretende hacer más fuerte, se cuida con mimo hasta el extremo, muy conscientes de las bondades que reportará una intervención del género. Nada más alejado de la tala, que tiene por único objeto quitar de en medio algo que se entiende tan gravoso como inútil.

La Organización de Consumidores y Usuarios, poco sospechosa de radicalismos, nos ofrecía datos inquietantes, según los cuales, nuestra ciudad suspende en calidad de vida; el estudio es de noviembre, de manera que se pueden imaginar lo que se ha podido deteriorar desde entonces acá. Una poda-tala más a los empleados públicos y el consumo se contraerá a límites que ni los más viejos del lugar recordarán.

Mientras, el ”Estado de la Ciudad”, otro oxímoron nefasto de los munícipes, sacan pecho de yo no sé qué, la verdad: la ciudad patas arriba y el coro de plañideras culpa a tirios y troyanos de su nefasta gestión. Eso sí, catavinos ‘tradicionales’ al pecho, y medallas con que adornar que no falten. ¡Populacheros que son! Ya que no gestionan, juegan a ser oposición: ¡lo nunca visto! Pero, ya se sabe, todo lo de esta guisa es posible en  Granada. De proyectos, nada, claro, ¿para qué? ¡Vaya tropa!

Ideal, Granada,

8 de julio de 2012.

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Recodos

La evolución no suele ser, como cándidamente algunos piensan, un desplazamiento lineal en donde los términos iniciales y finales tengan poco o nada que ver entre sí. Más bien me inclino a pensar en una suerte de descripción de círculos concéntricos en los que se van profundizando los contenidos, ampliándolos en función de las experiencias acumuladas. En este devenir, se producen  recodos en el camino.

Así he ido viendo cómo mi amigo Alberto se iba desenvolviendo. Sin embargo, su sano escepticismo empieza a ser crónico. Ni comentándole los datos económicos, soy capaz de sacarlo de su atalaya privilegiada, en la que parece haberse acomodado.

Más de medio siglo a sus espaldas y noto, porque rehuye decírmelo, que está cansado, muy cansado; que han sido ya demasiadas las cornadas recibidas. Y parece hacerme guiños en ese recodo del camino en el que, jugando al burlaveras descreído, puso un toque elegante en su vida. Mi pálpito es que, en cualquier momento, va a desaparecer para siempre

He intentado ponerme en su pellejo, he apreciado cuanta empatía pueda sentirse. Si me apuran, incluso he tenido envidia, no apostillaré ‘sana’, puesto que no hay ninguna que lo sea. Se diría que lo tenía todo: buena estampa, trabajador, inteligente, buen conversador, excelente amigo de sus amigos, honesto; vamos, acumulaba los ingredientes para una combinación tan perfecta como exitosa. Sin embargo, siempre parecía tener un punto de tristeza infinita, de melancolía insaciable, un cierto amargor existencial. He de confesarles que, en más de una ocasión, me daban ganas de zarandearlo y decirle, no focalices en exceso, abre el plano. Su respuesta, siempre indirecta, me hacía ver que su concepción responsable lo llevaba a conducirse de ese modo y que no podía obviar cuanto de miserable e injusto hay en la existencia.

Empecé a hablarle del ‘medicamentazo’ que están cocinando. Me miró con una suficiencia impropia de él y me contó, “he visto que hay determinados fármacos en la lista que he de tomar cada vez que tengo ciclo de quimioterapia. ¿Tú crees que es un gasto suntuario?” Me deja sin palabras, sobre todo al observar que su natural ‘peleón’ se troca en resignada asunción de una nueva injusticia. Las alarmas se me disparan…

Me musita con la mirada perdida: “De vez en cuando, la vida/ toma conmigo café/ y está tan bonita que/ da gusto verla”. Lo miro fijamente, estupefacto. Observo que se le humedecen los ojos y sé que me está diciendo “te quiero, pero me estoy yendo irremisiblemente”. Un dolor inmenso, impotente, me atenaza.

Ideal, Granada,

1 de julio de 2012.

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