Inmorales

Hay sujetos que, tras parapetarse convenientemente en la ‘moral’, hacen en el defecto real de la misma, una suerte de defensa ‘numantina’ de lo que no puede ser explicable, de ningún otro modo. Lo justifican por lo ‘moral’, pero nosotros, los demás, pobres y disminuidos pecadores, sentimos la humillación de no haber alcanzado a ver la tan excelsa luz que los ilumina. ¡Lástima! Lo real, sin embargo, es el escándalo de seguir pretendiendo escribir la historia con pluma selectiva y deformadora que maltrata y pisotea los hechos. Y, con el mayor de los desparpajos, ante evidencias, todavía tienen el oprobioso cinismo de intentar presentar como meras ‘opiniones’ la exposición y denuncia de los hechos más terribles. ¡Qué quieren que les diga? Una mentira lo es por mucho que se repita. Cada vez aparecen más documentos desclasificados desvelando, por ejemplo, cuándo, cómo y dónde negoció el dictador Franco la compra a Mussolini (¿neutral?) de material bélico con el que triturar la voluntad de un pueblo.

Por todo eso y mucho más por desgracia, son ustedes unos verdaderos miserables. Este año, esconderse, el pasado fue la pretendida falta de rigor en la investigación, con la excusa de la conformidad o no con una placa. Todos los retrata de manera más que simbólica y los hace herederos directos de quienes niengan con la boca chica y homenajean  a boca llena. Su concepto de la ‘moral’ sólo puede compararse al de que está dispuesto a mirar para otro lado, siempre que la ‘verdad’ le sea incómoda, y se mantienen incólumes en su alergia inveterada a la verdad. En nuestras propias carnes, comprobamos de lo que son capaces.

Esta inmoralidad rampante, aparte de servir para generar el cabreo profundo de los mejor intencioinados, tiene un tufazo pestilente destinado a provocar situaciones que hagan olvidar todas las  ‘maravillas’ que nos tenían preparadas. “Mientras la gente hable de esto, pues se olvidan de lo otro”. Ecuación tan simple como torticera, que les terminará explotando en las manos a estos inmorales por muchos golpes de pecho que se den, beatificaciones y zarandajas varias.

Por seguir dejándonos en la mayor de las incertidumbres, aparece el que se supone que tenía rostro humano y nos ha dejado una ‘perla’ que se estudiará en las Facultades. Las voces profesionales son cada vez más contundentes.

Sr. Gaallardón, he tenido la desgracia de ver a padres y abuelos desesperados ente la contemplación de unas criaturitas que ya carecían lugar en que pincharles la medicación y mantenerlos. Un llanto inconsolable.

Enfréntese a la verdad, ¡inmoral!

Ideal, Granada,

29 de julio de 2012.

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Archivado bajo cultura, Economía, Educación, Granada, Opinión, otoño, Política, Reflexiones, religión

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